¿Prácticas anticompetitivas en aluminio y cobre?

El pasado julio se informó que la entidad regulatoria CFTC de Estados Unidos (US Commodity Futures Trading Commission) envió requerimientos de información a entidades que participan en el negocio de commodities en dicho país, incluyendo bodegaje. La información solicitada abarcaría desde el año 2010 en adelante. Las entidades requeridas incluirían a los bancos JP Morgan, Goldman Sachs y Morgan Stanley  así como a los traders de minerales Glencore y Trafigura, además del London Metal Exchange (LME). Lo que se espera es que el CFTC inicie una investigación formal por manipulación de precios y colusión en los mercados de metales, partiendo por el aluminio. El CFTC tiene como misión “proteger a los usuarios del mercado y al público en general de fraude, manipulación, prácticas abusivas y riesgos sistémicos relacionados con los derivados sujetos al “Commodity Exchange Act” y promover mercados abiertos, competitivos y financieramente razonables”. El cobre es uno de esos commodities cuyos derivados se transan en Estados Unidos y cuya autoridad estima que posibles infracciones en el comercio físico de estos commodities son también parte de su responsabilidad. El paso dado por el CFTC probablemente va a detonar una investigación en el Reino Unido por el equivalente “Financial Conduct Authority” (FCA) sobre el LME por las mismas razones por las que estaría interviniendo el anterior, y quizás una intervención de la autoridad antimonopolio de la propia Unión Europea.

 

En paralelo, el senado de Estados Unidos inició el mes pasado un proceso de investigación requiriendo información a los bancos centrada esencialmente en posibles conflictos de interés de ellos como partícipes y financistas en los mercados de commodities y bodegajes relacionados y derivados, así como en el riesgo que estarían asumiendo al tomar posiciones en estos mercados. El foco investigativo estaría especialmente en el eventual riesgo sistémico nacido de una exposición de la banca a los commodities más que en problemas de índole competitiva.

Por otra parte, la Reserva Federal está estudiando si prorrogar o definitivamente terminar a fines de año con la facultad que han tenido por una década los bancos de comerciar, guardar y transportar commodities. Las pérdidas por US$ 6.200 millones de JP Morgan (“London Whale”) por exposiciones en commodities no se olvidan fácilmente.

Estas semanas ya se han iniciado tres acciones colectivas (Class Action) contra Goldman Sachs, JP Morgan, Glencore y LME por prácticas anticompetitivas en el mercado del aluminio en Estados Unidos donde habrían estado coordinando una lenta entrega del metal desde sus bodegas, distorsionando colusivamente su escasez. También JP Morgan llegó a un acuerdo de pago de US$ 410 mm con la autoridad eléctrica federal americana (FERC, Federal Energy Regulatory Commission), sin reconocer culpa, acusada de manipular mercados eléctricos en California y otros estados del centro de Estados Unidos. Por último, Goldman Sachs y JP Morgan informaron su intención de retirarse de estos mercados como operadores directos, probablemente previendo que este negocio era incompatible en el largo plazo con el crediticio bajo crecientes requerimientos de capital, así como las eventuales acciones anti trust que ya estaban asomando.

En resumen, parece ser que las investigaciones, cambios regulatorios y acciones judiciales en el mercado de los commodities estarían recién comenzando tanto desde el punto de vista competitivo como del riesgo sistémico envuelto en el sistema financiero. El aluminio, el cobre, el zinc y el niquel son todos candidatos a sufrir consecuencias similares al aluminio: los actores, incentivos y eventuales vehículos de coordinación como las redes de bodegaje coinciden.

Chile produce 5.5 millones de toneladas de cobre en un mercado que se acerca a los 21 millones de toneladas anuales, donde todas, directa o indirectamente – sólo una parte pasa por bodegas -, podrían haber estado sujetas a “impuestos o subsidios privados” por el rol anticompetitivo de algunos partícipes en este mercado, particularmente coordinados a través de la red de 719 bodegas de almacenamiento organizadas bajo el London Metal Exchange. Actualmente los stocks de cobre en el LME suman 600.000 toneladas y en todas las bolsas 830.000 toneladas, con una importancia central histórica del LME.

Las empresas cupríferas chilena deberían participar en estos procesos que se están iniciando, aportar antecedentes y eventualmente demandar a quien corresponda y donde corresponda, haciéndose oportunamente parte de acciones colectivas a interponer en tribunales americanos que contemplan cláusulas de “treble damages” que compensan tres veces el daño causado por prácticas anticompetitivas. Las intervenciones coordinadas de estos grandes actores, en función de tomas de posiciones netas, podrían haber puntualmente beneficiado o perjudicado al país como productor, pero ciertamente podrían terminar dañando al mercado donde se transa la principal exportación del país.

Chile y sus empresas mineras no pueden ser meros espectadores, no sólo por corregir y exigir compensaciones por posibles infracciones anticompetitivas, sino porque está en su interés la eficiencia del mercado.

 

Manuel Cruzat Valdés

9 de agosto de 2013

 

(Ver tabla adjunta en documento PDF)

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