Bajo el presidente Jefferson, Estados Unidos compró en el año 1803 el territorio de Louisiana a la Francia de Napoleón, enfrascada en guerras continentales que costaron entre 4 y 7 millones de pérdidas humanas, entre civiles y militares, o cerca de 2 a 3.5% de la población europea de ese entonces. Luego organizaría la expedición de Lewis and Clark desde Saint Louis a la desembocadura del río Columbia en el Pacífico, 12.000 km de ida y vuelta, para hacer de Estados Unidos un país bioceánico.

Fueron esas guerras las que convencieron al presidente Monroe, que no quería traer los conflictos de Europa a nuestro continente, para proclamar su doctrina de “América para los americanos” en 1823, muy cuestionada en Chile por el propio Diego Portales aún antes de ejercer cargos ministeriales.

Pero Estados Unidos no se quedaría ahí: en 1819 compraría Florida a España, en 1846 acordaría el paralelo 49 Norte con Inglaterra para delimitar su colonia canadiense, en 1848 terminaría anexando el norte de México y en 1867 compraría Alaska a Rusia, que no quería enajenar ese territorio difícil de controlar a su rival Inglaterra por su apoyo al imperio otomano en la recién terminada guerra de Crimea (1853 a 1856).

Siete décadas tomó la consolidación territorial del país del norte una vez independiente. Se masificaron las redes ferroviarias y se atrajo inmigración para ocupar y hacer realidad su Manifest Destiny.

Chile no fue muy distinto: a partir de la estabilidad institucional asociada a los decenios presidenciales que comenzaron en el año 1831, fue con el presidente Bulnes que se delimitó el norte con Bolivia en el paralelo 23 Sur en 1842 – a la altura de Mejillones – , la toma del estrecho de Magallanes en 1843 y el Acta de Colonización de 1845 para ocupar territorialmente la zona entre Valdivia y Puerto Montt. Posteriormente se acordaría con Bolivia el paralelo 24 Sur – al sur de Antofagasta – en 1866 y 1874 en los gobiernos de Pérez y Errázuriz, y luego de la guerra del Pacífico en los gobiernos de Pinto y Santa María Chile accedería a Tarapacá en 1883 y a la zona entre el río Loa y el paralelo 24 Sur en 1884. En 1881 acordaría con Argentina la divisoria continental de aguas y en 1888 se incorporaría la isla de Pascua con Policarpo Toro al mando de la expedición.

Vendría luego el boom del salitre, pero Chile finalmente lo desperdició.

Que no vuelva a ocurrir esa “pérdida del tren” con este nuevo boom que va a favorecer a Chile, no por años sino probablemente por décadas …

Manuel Cruzat Valdés

8 de enero de 2026